23 febrero 2016

¿Está la economía boliviana en crisis?

Esta pregunta podría ser contestada haciendo otra pregunta en sorna: ¿y cuándo no estuvo en crisis? Lo cierto es que depende con los ojos que se mire a la economía nacional. Para un cooperativista, a quien los bajos precios del estaño le han quitado la principal fuente de sustento, obviamente la economía anda muy mal. Lo propio puede sentir un productor de alimentos (manufacturados o agrícolas) que debe competir con productos importados de los países vecinos o del Asia, ahora aún más baratos que hace dos años.

No es lo mismo para la actividad constructora, que todavía goza de buena salud. Es el caso también del comercio de productos de toda índole y origen, desde productos agrícolas hasta los de las líneas blanca y negra, sean de importación legal o ilegal. Este sector goza de buena salud. En similar situación se halla el sector financiero, que no ha dejado de crecer no obstante las exigencias que le han demandado sistemáticamente las normas del Estado.

Se puede complementar la pregunta del título de esta opinión con otra pregunta: los países vecinos están pasando muy malos momentos ¿se verá la economía boliviana igualmente afectada? Y la respuesta es de nuevo ambivalente, la crisis que afecta a los países productores de materias primas es generalizada y nadie se escapa de los descalabros que causa el mercado internacional.

Sin embargo, hay países que tienen mejores respaldos para aguantar los embates que otros. Bolivia sufre claramente la caída del valor de sus exportaciones, al igual que una persona a quien le bajaron el sueldo. No obstante, nunca tuvo Bolivia mejor respaldo para sobrellevar la crisis.

Sus reservas internacionales son el equivalente a recursos que esa persona que ve reducido su salario tiene guardados y que ahora los puede utilizar porque la necesidad apremia. Estas reservas son el mejor respaldo para comprar productos del exterior de consumo, intermedios o de capital. Los de consumo sirven para no permitir que los precios internos suban.

Por otra parte, se debe tomar en cuenta que éste es el momento de flexibilizar aún más la emisión monetaria y permitir el aumento del gasto público. Las reservas internacionales están en monedas duras (dólares y euros). Si el lector se pregunta por el oro, debo decirle que este metal es un fetiche y una antigualla que aprisiona la mente de las autoridades monetarias y la de muchos economistas y, en casos de crisis o no, casi no sirve para nada.

Volviendo a las divisas, recuérdese que la economía está bolivianizada y que es la moneda nacional la que mayormente circula internamente. No se paga ni se compra en dólares, pocas son las transacciones bancarias en la moneda verde y, por lo tanto, para sostener el consumo interno se requiere emisión monetaria de bolivianos (no puede haber otra) en la misma forma o a una tasa mayor a la que ha estado creciendo en los años anteriores. En una economía con baja inflación, esta mayor emisión sólo puede reanimarla y no generará mayores presiones inflacionarias.

Más aún, se debe tomar en cuenta que en Bolivia existe una activa utilización de los instrumentos de la política monetaria, particularmente de las operaciones de mercado abierto, que ha permitido recoger excedentes de liquidez y así frenar, parcialmente, las presiones inflacionarias.

Por otra parte, una economía tan pequeña, casi de tienda de la esquina, posee el gran colchón del sector informal que disimula rápidamente el desempleo. A la vez, las presiones en los precios de productos de primera necesidad ha sido controlada con relativamente simples medidas: ferias, restricción a aumentos de precios e importaciones.

La pequeñez y pobreza de la economía nacional, el real problema no resuelto, es en épocas de crisis un amortiguador que los vecinos no cuentan en la magnitud que significa para Bolivia. Tampoco cuentan con la gran proporción de reservas respecto al PIB, además de ser economías mucho más dolarizadas que la boliviana.

Insisto: la situación actual no conduce a un gran despegue de la economía nacional. Tampoco, por supuesto, a la diversificación económica y a un generalizado bienestar de la población.

Por si acaso, es necesario añadir lo aquí analizado se refiere a que en las condiciones actuales Bolivia puede pasar el invierno de la crisis que afecta a los productores de materias primas en circunstancias menos duras que los vecinos. Se cuenta con una tabla de salvación, no con una maquinaria para encaminarse hacia el desarrollo económico.
* Artículo publicado originalmente en Página Siete.

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