02 marzo 2017

Diego Sánchez de la Cruz “El sistema fiscal boliviano impone demasiadas cargas a empresas y familias”

Diego Sánchez de la Cruz, analista político y económico español y profesor en IE University, escribió lo siguiente en el PanAm Post: “La mayoría de los debates fiscales suele tomar como indicador de referencia la presión fiscal que mide el peso de los impuestos sobre el Producto Interno Bruto (PIB). La base de datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) nos dice que Bolivia, Argentina y Ecuador son los tres países de América Latina en los que los impuestos se llevan un mayor porcentaje de la riqueza creada . En el extremo opuesto figuran Guatemala, Costa Rica y República Dominicana.

Sin embargo, Henry J. Frank (economista inglés) presentó en 1959 un trabajo académico en el que planteaba una medición alternativa: su objetivo no era medir la presión fiscal, sino el esfuerzo fiscal. Según explicó Frank, aunque dos países tengan un mismo nivel de presión fiscal, es preciso evaluar también su nivel de riqueza, ya que no es lo mismo recaudar un 30 % del PIB en un país rico que en un país pobre” (…)

CAPITALES se contactó con Sánchez de la Cruz, quien en la siguiente entrevista se refiere a la presión y el esfuerzo fiscal y el próximo martes, en la segunda parte, a la cuestión del liberalismo y los populismos de derecha y de izquierda en América, Estados Unidos y Europa. Como yapa, en este número analiza para nosotros la actualidad política de su país.

C. “Bolivia es el infierno tributario de América Latina”, titula el portal de PanAm Post, donde usted menciona un estudio en el que Bolivia encabeza la lista de países con mayor presión fiscal. ¿A qué se refiere con “presión fiscal” y con “esfuerzo fiscal”? ¿Por qué es importante medir o tomar en cuenta estos indicadores?

Diego Sánchez de la Cruz (DSC). En el artículo explico dos conceptos: el de “presión fiscal” y el de “esfuerzo fiscal”. La presión fiscal mide cuánto recaudan los gobiernos en comparación con el PIB. El esfuerzo fiscal compara la presión fiscal con la renta per cápita del país, para considerar también la capacidad de pago del ciudadano medio.

En un país rico, cobrar impuestos más altos resulta negativo, pero al menos hay un colchón de prosperidad que permite amortiguar parcialmente el golpe. Sin embargo, en una economía emergente, disparar la fiscalidad es devastador, porque ni siquiera hay niveles de riqueza que ayuden a capear el temporal.

Por eso digo que Bolivia se ha convertido en uno de los “infiernos fiscales” de América Latina, porque su sistema fiscal impone demasiadas cargas a empresas y familias, sobre todo teniendo en cuenta que Bolivia no es un país rico, sino uno en vías de desarrollo.

C. ¿Qué tiene que hacer Bolivia para salir del “infierno tributario”?

DSC. Bolivia tiene una economía sumergida demasiado grande, porque sus cargas fiscales no son asumibles para millones de personas que apenas tienen un empleo informal. Además, el sistema fiscal aspira a obtener una recaudación excesiva, de manera que se pretenden cobrar demasiados impuestos al sector privado.

En 1996, la actividad pública suponía poco más del 25% del PIB. Hoy, el Estado consume más del 40% del PIB, de manera que el creciente peso de la actividad pública ha ido desplazando a la actividad empresarial. Para dejar atrás el “infierno tributario”, Bolivia tiene que plantear un progresivo repliegue del gasto que, a su vez, permitirá bajar los impuestos, simplificarlos y hacerlos más atractivos.

C. ¿Estuvo en Bolivia o América Latina, o escribió desde fuera de la región?

DSC. Precisamente estas semanas he hecho varios viajes de trabajo por América Latina para conocer mejor algunas de las economías sobre las que escribo a menudo.

Sí que es cierto que gracias a las nuevas tecnologías y a las redes de contactos que hoy tenemos es posible evaluar adecuadamente lo que ocurre a un océano de distancia, pero creo que es fundamental combinar esa perspectiva exterior con una aproximación desde el terreno.

C. ¿Cuál es la realidad española en materia de carga impositiva?

DSC. Una buena noticia es que tenemos menos carga tributaria que la media de los países ricos de la Unión Europea. Nos movemos en el entorno del 38% del PIB, claramente por debajo de lo que vemos en Francia, Italia, Alemania o los países nórdicos.

Pero seguimos arrastrando un gasto público excesivo que nos complica rebajar más los impuestos. Y es una lástima, porque España está creciendo al 3% y creando medio millón de empleos al año, de manera que una reforma fiscal orientada a bajar el peso de los impuestos tendría efectos muy positivos y apuntalaría el buen ritmo económico de los últimos años.

C. Por último, España ha pasado por turbulencias económicas y, luego, políticas (o viceversa). ¿Cómo evalúa la caída de la popularidad de Podemos, que en un determinado momento tuvo en sus manos un prácticamente seguro gobierno nacional? ¿Ciudadanos y el mismo Podemos tienen espacio en el espectro dominado largo tiempo por el PP y el PSOE?

DSC. La crisis española tiene nombre y apellidos: José Luis Rodríguez Zapatero. Su gobierno alentó primero la “burbuja” inmobiliaria, facilitando el crédito al sector de la construcción a través de la banca pública que acabó quebrada. Una vez estalló la crisis, su ejecutivo se negó a actuar e incluso declaró que no había motivos para la preocupación. Cuando Zapatero empezó a tomar medidas, ya era demasiado tarde y se habían destruido millones de puestos de trabajo.

Con Mariano Rajoy en La Moncloa se ha aprobado una reforma laboral que ha contribuido a relanzar la creación de empleo. Esa reforma del mercado de trabajo es, sin duda, la medida más importante que se ha tomado en los últimos años. Otro acierto es la Ley de Estabilidad Presupuestaria, que ha contribuido a reducir el déficit a base de fijar objetivos de gasto a las administraciones públicas. Pero también hay sombras, como por ejemplo las reiteradas subidas de impuestos del período 2012-2014 o la timidez del Ejecutivo a la hora de adoptar nuevas reformas de liberalización de los mercados.

En toda crisis hay un desgaste de los grandes partidos y una crisis tan profunda como la española no podía ser la excepción. Podemos aprovechó el malestar de la sociedad española con ambas formaciones para lanzarse a por el Gobierno de España con un programa populista y de izquierda radical. Pero la sociedad ha demostrado madurez y, a pesar de que Podemos aún logra buenos resultados en las encuestas, está lejos de ser primera fuerza y, de hecho, viene de perder más de un millón de votos en las últimas elecciones generales.

Creo que PP y PSOE irán recuperando parte de la cuota electoral que han perdido en los últimos años. Se criticó mucho el bipartidismo, pero la imposibilidad de formar gobierno durante casi un año generó también dudas sobre el rol que pueden jugar Podemos y Ciudadanos.

En el caso de Podemos, creo que hay un techo natural al voto que puede recibir una formación de extrema izquierda. En el caso de Ciudadanos, es posible que su falta de claridad y firmeza ideológica acabe desmovilizando a quienes votaron a este partido en los últimos comicios. Está por ver qué pasa en ambos casos.

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