31 mayo 2017

Sinceramiento económico

El presidente Evo Morales condecoró a Luis Enrique García, ex presidente ejecutivo de la CAF, por "aportar al crecimiento económico de Bolivia y la Patria Grande”.
En el foro económico "Desafíos y Oportunidades para el Desarrollo de Bolivia”, sin embargo, García también, sutilmente, manifestó su preocupación por el rezago cambiario, estimado en un 40%. Según García, tal rezago da lugar a una pérdida de competitividad, que limita seriamente nuestra inserción al mercado internacional en una economía globalizada.

En este foro, organizado por la Cámara Nacional de Industrias, García se refirió a la necesidad de un "modelo de transformación productiva, de ventajas competitivas, que no dependa tanto de los vaivenes de las materias primas” para lo cual, agregó, se requiere de "una acción conjunta” del sector público y del privado, lo que implica un cambio en la lógica fundamental del funcionamiento del actual modelo económico, donde el principal protagonista es el Estado.

A su vez, García aludió a la necesidad de modificar el tipo de cambio "sin los traumas” casi inevitables. Tal modificación vendría a ser un eufemismo para una cada vez más inminente devaluación.
La diplomática advertencia de quien fuera cabeza de la CAF viene ante el inminente peligro de que los recursos financieros que se encuentran en la banca, equivalentes a 22.000 millones de dólares, se vuelquen al mercado de divisas. Con mayor razón cuando en Bolivia se está dando un declive paulatino de nuestras reservas monetarias internacionales.

En efecto, en caso de que al Gobierno no le quedase más salida que sincerar la economía, inevitablemente se cumpliría la lógica donde la "moneda buena se prefiere a la mala”, lo que nos llevaría al borde de un problema monetario financiero de proporciones.
Mucho peor cuando la fijación del tipo de cambio nuevamente ha sido trasladada a la decisión política, dificultando cualquier decisión económica que se tenga que tomar en este sentido.

Durante la política de ajuste inflacionario de los años 80, cuando se promulgó el famoso Decreto 21060, se creó el "Bolsín”, una ingeniosa medida que permitía que la fijación del tipo de cambio obedezca a la oferta y demanda (mercado), dejando en la penumbra la "discrecionalidad” política, lo que se conoce como una flotación sucia.

En contraste, cuando se altera discrecionalmente el precio de un bien universal (del dinero), que impacta a toda la economía, lo que en efecto se logra es trastornar el sistema de precios, lo cual a la larga tiene muchas y graves consecuencias.

Es evidente que la devaluación de la moneda por sí misma no es una panacea para la economía. Y como diría Gonzalo Chávez, una moneda boliviana fuerte ayuda al sector productivo, pero del Perú, Brasil y Argentina. Tampoco se puede negar, sin embargo, que un mantenimiento artificial del tipo de cambio tiene efectos negativos en el mediano y largo plazo en una economía extractivista.

Si se lograse incrementar la productividad de la economía tal vez podríamos equilibrar la presión que la actual política monetaria impone al sector agrícola e industrial. Pero estos sectores están asediados por diversos factores, tanto estructurales como institucionales. Peor aún si Evo Morales sigue convencido de las bondades de su modelo de demanda agregada.

Ahora el Banco Central ha decidido rebajar los porcentajes de encaje legal para entidades del sistema financiero, lo cual supuestamente "generará que se inyecte a la economía unos 4.000 millones de bolivianos”.
Más que un resabio del actual Keynesianismo ideológico, la medida pudiese resultar en que el dinero fluya hacia al comercio o contrabando, lo cual puede acabar en mayores pérdidas de nuestras divisas y - a la larga- ser peor remedio que un sinceramiento económico.













*El autor es miembro de Número de la Academia Boliviana de
Ciencias Económicas.

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